Los mirandeses veneran al anacoreta San Juan del Monte como Nuestro Santo Verdadero, si bien esta figura no es patrón de Miranda de Ebro ni se corresponde con ningún miembro del santoral católico. En realidad, desde tiempos medievales aparece documentada la romería a la ermita de San Juan del Monte, que se refería a un templo que existía en el Monte de Miranda dedicada a San Juan, bajo la advocación del Evangelista. Tal es así, que la tradicional fiesta se celebraba en fecha fija el 6 de mayo, festividad de San Juan ante Porta Latinam, referida sin duda a San Juan Evangelista. Además, hasta los años 80 del siglo XX, la imagen que se veneraba era la de dicho apóstol, la tradicional figura imberbe, que con el Evangelio en la mano y con el águila distintiva se reflejaba en el antiguo escudo de la Cofradía, símbolo inequívoco del Evangelista Juan. Fue seguramente en los momentos de menor auge de la fiesta cuando comenzó a dibujarse la figura de San Juan del Monte como un ermitaño que habitó en los montes, que en cierta manera enlaza con la existencia de comunidades eremíticas a lo largo de los Montes Obarenes durante tiempos altomedievales. Sin embargo, no hay constancia histórica de ningún personaje concreto. Por tanto, el San Juan del Monte que hoy en día se conmemora en Miranda es fruto del paso de muchos siglos y que se ha adaptado hasta llegar a la figura del Santo que, sea como fuere, goza del respeto y adoración de los mirandeses que le honran como su Santo Verdadero y patrón, sin importar mayores consideraciones.

LEYENDA DE LOS TRES HERMANOS

Cuenta la leyenda que existían tres hermanos: Juan, Felices y Formerio. Decidieron dedicarse a la vida contemplativa como anacoretas, llevando una existencia humilde y alimentándose de lo que les proporcionaba la naturaleza. Pero la necesidad les hacía acudir a los pueblos a pedir limosna, donde se encontraban con otras personas que buscaban lo mismo. En alguna que otra ocasión, se produjeron incidentes entre todos ellos por buscarse el sustento. Alertado por estas acciones, Santo Domingo de la Calzada, quien se decía que actuaba como mentor espiritual de los tres hermanos, les castigó a cada uno a un punto diferente de la geografía comarcal. A San Felices lo envió a los Riscos de Bilibio (Haro), a San Formerio a Pangua (Condado de Treviño) y a San Juan lo mandó a la gruta del Monte de Miranda. De esta forma, no podían volver a hablar y discutir entre sí, pero podían divisar las nuevas moradas de sus hermanos en los montes. Como señal de que permanecían vivos, una vez al año encendían una hoguera desde sus particulares retiros.Y esta leyenda ha permanecido entre los habitantes de estas comarcas de generación en generación.